Aries no quiere aparentar que su
mundo se puede poner patas arriba, por eso, se encierra en su propia pompa de
preocupación personal y no dice nada. Al menos, los primeros minutos desde que
sucede el problema. Aries, puede actuar como si nada le importase. Puede quitar
hierro al asunto y hacer creer a los demás que todo está perfecto, cuando no es
así.
Puede intentarlo todo, pero la
gente que conoce su verdadera personalidad, sabe perfectamente el momento justo
en el que Aries está más bajo de ánimos que de costumbre. Uno, su mirada se
pierde. Quiere centrase, pero no puede. No brilla como antes. No intimida como
siempre. Aries cuenta con miradas lo que no quiere decir con palabras. Pero hay
que saber interpretarlas.
Hay que conocer a Aries muy a
fondo para poder descubrir el verdadero motivo de sus preocupaciones internas.
No hay que olvidar, que Aries
sabe jugar muy pero que muy bien. Y si decide que no quiere que nadie se entere
de lo que en realidad le pasa, nadie se entera, punto y final. Nadie es nadie.
Aquí no hay excepciones ni gente privilegiada que juegue con ventaja. Aries se
convierte en un verdadero bloque de hormigón y no deja pasar a nadie. Hay
veces, que el Carnero prefiere pasar su duelo en soledad, pensar las cosas en
frío y no montar ningún drama gratuito. Porque ese tipo de historias para no
dormir, se pueden evitar. Por eso… y porque se conoce. Aries sabe perfectamente
lo que puede pasar como explote de una y como suelte lo que lleva dentro.
Depende del día, de la hora y de cómo se haya levantado, tendrá calma, o
guerra. Con Aries, en el fondo, nunca se sabe.